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Los
prosumidores
(19 de septiembre de 2005)
El
consumo de información es una de las condiciones más apremiantes
de la condición humana contemporánea. No hay un instante del día
en el que la información no tenga un protagonismo elevado, y eso
se refleja por igual en las empresas de productos y servicios.
La necesidad de datos, sin duda, es uno de los aspectos más urgentes
de nuestra cotidianidad.
Sin
embargo, también existen aquellos, empresas o personas, dedicados
a la producción de datos e información en todos los formatos.
Ellos, los productores, cuentan con la ventaja de que saben de
las necesidades del mercado, orientan las tendencias informativas
y cobran los beneficios lógicos de sus actividades cotidianas.
A pesar de lo anterior, también ellos son consumidores de datos,
bien sea en bruto o con algún valor agregado, pero consumidores
al fin.
Tal
vez la palabra prosumidor cause alguna extraña sensación en su
mente. Eso es porque la palabra no es tan común, pero tengo la
certeza de que los conceptos que conecta sí son bastante conocidos:
Producción y consumo, en este caso, de información.
Pienso
que en manos de un académico de la lengua española, esta unión
de palabras y conceptos puede resultar inexplicable. Yo, por el
contrario, considero apenas oportuno el intento por analizar la
expresión resultante, y decir con total franqueza, sin ánimos
pontificios sobre los significados de las palabras, que somos,
en general, prosumidores informativos.
Los
habitantes del planeta que hoy tenemos por hogar hacemos enormes
inversiones en el consumo de medios especializados, y contemos
entre ellos a los periódicos, las revistas, los suplementos y
materiales enciclopédicos, las asesorías y consultorías y hasta
la misma red Internet. Consumimos datos, es cierto, pero ¿cuántos
de ellos producimos?
Con
la mano en el corazón, hay que pensar en la calidad de consumidores
que somos. Tenemos altos índices de compra de datos y de informes
terminados, pero son pocos los materiales que producimos. Con
las bajas tasas de conectividad a Internet que tenemos en Colombia,
menores al 10%, somos víctimas de la brecha tecnológica y aparecemos
en franca desventaja con relación a los países más desarrollados,
que con indicadores de conectividad de hasta un 85% nos llevan
una enorme ventaja en cuanto a producción de contenidos se refiere.
Ser
un prosumidor implica la doble condición de crear y consumir información,
de pensar, escribir y plasmar sobre los bits y hasta en el papel
aquellas ideas, los recuerdos, las historias, y los proyectos
que a diario pasan por la cabeza y que muchas veces quedan extraviados
en el limbo de la imaginación, como consecuencia de una falta
de los espacios adecuados para que la producción informativa vea
la luz, o por lo menos, el formato HTML para exportarlo a la web.
Con
sólo contar el número de blogs colombianos en la red, basta para
confirmar lo que ya he dicho en líneas anteriores: Somos consumidores
más que productores de información.
¿No
cree que llegó la hora de cambiar de rol y convertirse en un buen
prosumidor? Con tantos recursos disponibles, pienso que no hay
más tiempo que perder y, por el contrario, hay muchos buenos procesos
y beneficios que ganar.
Juan
Pablo Ramírez
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