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El
asunto de la pasión
(04 de septiembre de 2005)
La
tecnología produjo un mundo lleno de alternativas y deseos renovables,
en el que la geografía territorial pasó del aspecto topográfico
al asunto de tener o no tener. Básicamente, en los entornos que
nos rodean, la tecnología creció sin límites y continúa haciéndolo,
con un alto ingrediente de pasión.
Y
es que esa palabra se puso de moda en Colombia. Frente a la pantalla
de televisión aparecen las victorias y las derrotas de los deportistas
nacionales, las intrincadas tramas de las telenovelas y hasta
los reportajes de algunos periodistas. Cada uno de aquellos asuntos
refleja una convicción por el trabajo, una lucha por llegar primero
a la meta o por escalar un peldaño que permita ver las cosas con
mayor altura y tranquilidad.
En
los deportes, por ejemplo, admiro la tenacidad de los equipos
presentes en la Fórmula 1. Con oportunidades de triunfo o sin
ellas, cada escudería da lo mejor que tiene por hacer un papel
adecuado, de acuerdo con las condiciones de la competencia. En
aquel escenario, la tecnología invade los espacios y llena de
condiciones al piloto, prediciendo las mejoras y detectando las
fallas, y todo esto refleja el sentido de lo que viven, hacen
y respiran todos los involucrados: Pasión.
En
esta nube de ideas que pueden surgir para hablar de la pasión
y el amor por lo que se piensa y se hace, recuerdo mis propias
experiencias personales cuando hace casi diez años, apenas entrando
Internet a Colombia, me apasioné por las posibilidades de la Red,
llegando a explorar sus mecanismos de acción incluso desde el
mundo del software, en el que tuve un breve paso por metodologías,
desarrollos y pruebas de resistencia.
Con
la virtualidad y las oportunidades que ella brinda para las organizaciones
del futuro, para las del presente y para todos nosotros, como
seres humanos de carne y hueso, no me queda otra opción que sentirme
apasionado por vivir y crecer en los entornos virtuales. Desde
mi propia perspectiva, sueño con unas organizaciones virtuales
interconectadas, en las que las personas gocen de su espacio y
tiempo para trabajar en función de sus empresas sin dejar de ser
ellas mismas, gestionando procesos de toda clase apoyados por
gadgets u objetos provistos por la tecnología, pero aplicados
a la función correcta.
Me
declaro, finalmente, apasionado por la tecnología y sus posibilidades
en la era de la virtualización y, en consecuencia, apoyo la pasión
que promueve Proexport, más que por lo que signifique o quiera
decir, por el reto que impone para todos los colombianos: Demostrar
que, de verdad, sentimos pasión por lo que hacemos.
Juan
Pablo Ramírez
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