Balance

A quienes apenas llegan al mundo de lo público les puedo contar de mi experiencia: es gratificante, alentador y satisfactorio porque si tienes la fortuna de llegar a un proyecto con real impacto social podrás ver el fruto de tu esfuerzo: personas sonrientes, capaces de aprovechar los beneficios que les llegan a las manos y disfrutarlos con amor y alegría.

Si llegas a un proyecto de tipo administrativo conocerás la insoportable condición paquidérmica del estado, en el que todo es imposible y pese a eso hay que avanzar. Encontrarás personas magníficas, dispuestas a ayudarte con las tareas, a que todo salga bien y siempre dentro del marco de la legalidad. También conocerás a una larga lista de inútiles con «poder», incapaces de casi todo y muy hábiles para estorbar mientras cobran su sueldo.

En el plano personal, el mundo de lo público te mostrará de qué estás hecho, de qué eres capaz y de qué nivel es, en realidad, tu honestidad y compromiso. Perderás horas incontables de tu compartir con amigos y familia en beneficio de lo que haces; te llamarán al celular desde muy temprano y hasta muy tarde, incluyendo fines de semana y días festivos. Enfermarás de vez en cuando, olvidarás la sensación de hambre porque no tendrás tiempo de almorzar y, en muchos casos, tu novia(o) se irá porque no soporta que la dejes tirada(o), o si ya te pusiste el anillo nupcial es posible que tu pareja te arme sindicato por las mismas razones.

Al finalizar tu contrato (el que sea, de cualquier tipo) regresarás a la vida común. Nadie te llamará ni pasará al teléfono. Tus correos dejarán de saturarse con mensajes de todo tipo (excepto los promocionales) y los que envíes, con el contenido que sea, no volverán a tener respuesta.

En el mundo de lo público eres apenas un cargo, no una persona. Dejas de ser quien realmente eres por ganarte la confianza de unos personajes «poderosos» que, al final del período de gobierno, estarán igual que tu, si es que las próximas elecciones no las gana un personaje afín con el que ahora está al mando.

En mi caso particular he de decirles que gané muchas experiencias, aprendí de las personas y me asombré al comprobar de lo que somos capaces los seres humanos (de lo bueno y de lo malo). Entendí que la lealtad es un valor practicado por muy pocos, que otros tantos utilizan falsamente para apuñalar, casi siempre por la espalda.

Aprendí de lo público que todos nos debemos a la gente que de verdad nos necesita. Los burócratas necesitan sus cargos porque viven de ellos, así como los pobres necesitan de tu ayuda porque viven de ella. Yo gané algunos amigos y perdí otros tantos. Gané en experiencias que sólo sirven en la mente, pues la hoja de vida queda proscrita al olvido o al rechazo porque hiciste parte de X ó Y administración, así jamás hayas tenido nada que ver con asuntos políticos.

También aprendí que no hay mesías ni experto administrador capaz de cambiar las cosas. El mundo de lo público seguirá lleno de buenas intenciones, y de hábiles estorbos anclados a sus burocracias aptas para jubilarse. Los bien intencionados, los eficientes y juiciosos hacen la diferencia, así en la próxima administración llegue un reemplazo que destruya todo lo del anterior y pretenda reinventar la rueda una vez más.

En el balance debo decir que perdí clientes y relaciones, perdí mi programa de radio y descuidé mi blog, y también perdí unas muy buenas oportunidades de negocios y trabajo en el mundo privado. Bien o mal, elegí continuar con mis procesos en el mundo de lo público. No me arrepiento, pues decidí a conciencia y con total honestidad, así hoy en día quienes llegaron a esas oportunidades estén, tal vez, muchísimo mejor que yo.

Hoy hago parte del selecto club de los «rotulados», esos a quienes no se saluda o no se tiene en cuenta para lo que antes fueron buenos aliados. El mundo de lo público vale la pena como aprendizaje y experiencia de vida, siempre y cuando estés dispuesto a pagar el precio. Yo llegué a el porque Dios allí me puso, estando desempleado y con una magnífica posibilidad de crecer, entregar y aplicarme en todo por el todo. Recuperarme ha sido un proceso sanador, de grandes alegrías y de otras tantas pérdidas.

Hace varios años que me fui del mundo de lo público y hoy en día me sorprende ver a estas nuevas generaciones de briosos profesionales, arrasando con todo lo que encuentran a su paso, porque sólo con ellos el mundo sí va a cambiar. Moderen sus ímpetus, pequeños saltamontes. De esta saldrán con vida, así más tarde tengan que releer estas líneas o escribir las propias.

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