3 de Junio (2014)

Un día como este no se repite jamás. Un día como el de hoy trae consigo más que las 24 horas repletas de minutos y segundos. Este día, el de hoy, trajo consigo inmensas alegrías, grandes dosis de fe, esperanza, y un regalo monumental.

He vivido, hasta ahora, 40 días iguales a este 3 de junio, con la misma denominación numérica. El 41, este de hoy, fue radicalmente distinto no sólo por el año que lo contiene, sino por la certeza de que es en esta fecha cuando viejas rutas encuentran su lugar en la historia y se apropian de una gran autopista en la que, sin duda alguna, todo fluye con gran comodidad y alegría.

Hoy, 3 de junio, la transparencia se abrazó con la libertad y la ilusión de un escenario en el que la Transformación, de la que hablaba algunas entradas atrás, encontró el final de su búsqueda incierta para llegar a un partidor completamente distinto, renovado, lleno de fuerza y esperanza, de bondad y fe, y de la inagotable luz de Dios sobre cabezas y hombros, sobre seres de luz enviados por el Padre para encontrar los deseos de paz sobre la tierra.

Dejo constancia de este nuevo comienzo, de este inicio vital en el que comprendo que no son mis fuerzas las que logran los cambios, sino la infinita bondad de Dios que junta los caminos imposibles, conecta los espacios más distantes y acierta siempre al premio mayor sin comprar ninguna lotería.

Gracias, 3 de junio (2014) por tus regalos. Espero cuidarlos muy bien.

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